Trenzando Ilusiones

LA MUERTE DEL RUISEÑOR

Elizabeth Peredo Beltrán

Para Aylan Kurdi*

Hagan rodar las manzanas hasta el río
Que nadie pruebe su dulzor
Callen a los pájaros, borren las mariposas
Pongan a hervir piedras en la olla
Cierren las ventanas… hoy quiero obscuridad

Quiero exprimir del alma este dolor
Que se escuche el llanto del mar
No hay nada como un mar llorando,
Déjenme también llorar…

Hay un niño sin vida en la playa
Alguien dijo…, un ruiseñor

El mundo entero lo está llorando
“¡La humanidad ha llegado a la orilla!”, se desgarra la multitud
Queremos cobijarlo y calentar su cuerpo
Reparar la pena por los miles que se nos van de las manos
A causa de la violencia de la guerra, el horror y la indiferencia
El poderoso poder de “no poder” que nos gobierna

Queremos olvidar que rifamos la sonrisa
Olvidar que lo olvidamos
Olvidar lo que olvidamos,
Recordar que lo olvidamos
Ejercicio de memoria imprescindible

Para tener a salvo a nuestros niños,
que corran por la vida libres y felices
que beban agua clara y muerdan fruta fresca
Para recuperar la cordura …,
Y deleitarnos otra vez con su alegría.

Septiembre de 2015
*Aylan de tres años y su hermano Galip de cinco, perdieron la vida junto a su madre la semana pasada en el Mediterráneo intentando huir de la guerra horrorosa de Siria de donde 6.000 personas salen cada día escapando, mas de 2.500 han muerto en el intento de huir de lo que parece ser un fascismo reencarnado que arrasa con ciudades, cultura, memoria. Más de 120.000 han muerto hasta ahora sólo en Siria, 14.000 de ellos son niños perdidos en el anonimato, sin conocerse su sufrimiento. La fotografía del niño ahogado ha sido tomada por una periodista de Reuters, Nilufer Demir de Turquía, y ha recorrido el mundo golpeando corazones. “Matar un ruiseñor” es la novela de otra mujer, una escritora estadounidense Harper Lee que denuncia la violencia de una sociedad a través de la historia de una niña, fue muy criticada por ello hace medio siglo y hoy se la cita. Miles de personas en Europa y el mundo están abriendo sus puertas para recibir a los refugiados de la guerra, adelantándose por un milenio a las lentas decisiones que los gobiernos no acaban de tomar para enfrentar la situación y gritando: “La humanidad ha llegado a la orilla”. (E. Peredo 3/o9/2015)

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Esta entrada fue publicada el octubre 7, 2015 por en Ecofeminismo.
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